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lunes, marzo 20, 2006

Artículo de opinión

MAÍLLO Y LA CALLE
por José Ignacio Martín Benito

El presidente del Partido Popular de Zamora y, a la vez, de la Diputación Provincial, Fernando Martínez Maíllo, quiso emular a sus mayores. En un alarde de entroncar con las lapidarias frases de las viejas glorias de su partido, vino a decir que, ahora, la calle era también de él.
En la mente de más de uno, nos recordó aquella célebre frase de Fraga, cuando gritó aquello de “¡la calle es mía!”, mientras temblaban los cimientos del régimen. Eran otros tiempos y don Manuel ejercía de Ministro de la Gobernación.
No sé de qué ejercerá ahora Martínez Maíllo. Pero en poco tiempo ha cambiado el despacho por la rúa. Bienvenido a la calle que, en efecto, es de todos. No hay país que más viva en la calle que España; será el clima mediterráneo, aunque en estas tierras esté continentalizado y los inviernos sean fríos.
Como un témpano sonó en algunos oídos la llamada a “ocupar la calle, que no pase nadie” de Maíllo y Cía. De manera que sus seguidores se preparaban ya para lanzar sus huestes contra el “malvado” ZP, causante de todos los males seculares que aquejan a esta provincia desde los mismos tiempos de la Restauración canovista.
Al final, nadie sabe qué es lo que pasó, pero el caudillo de los populares zamoranos no salió a la calle cuando todos le esperábamos para clamarle. Ese día los zamoranos esperaban un mesiánico libertador que, finalmente, decidió quedarse en casa.
Sólo se vio a su lugarteniente, Alberto de Castro, cariacontecido; dicen algunos que circunspecto por tanta orfandad, intentando justificar la clamorosa ausencia. En la Plaza Mayor de Zamora, mientras sonaba el bolero de Algodre, algunos dicen que le oyeron tres carcajadas a medio gas: "¡JA!, ¡JA! y ¡JA!", que repitieron las ondas radiofónicas de extremo a extremo de la provincia. Dicen también que varios de los concentrados, entre ellos Manolo Vidal y Herrero Magarzo, pidieron un farol –como Diógenes- para buscar a Maíllo; pero no estaba la noche para búsquedas.
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